La Expulsión
Decretada la expulsión de los moriscos de estas sus tierras se dió orden a la milicia de reunir por la fuerza y en secreto a todos los habitantes y llevarlos a otras comarcas.
“Siendo avisado don Antonio de Luna que para el buen efecto del negocio convendría ocupar ante todo la parte alta de la sierra antes de que los moriscos sospecharan lo que iba a hacer, mandó a Pedro Bermudez que con quinientos soldados se fuera a poner en el lugar de Jubrique, sitio a propósito para asegurar las espaldas a los que habían de ir a despoblar los otros lugares del Havaral. Hecho esto, repartió las compañías, dándoles orden que a un tiempo y a una hora les encerrasen en las iglesias y los comenzasen a sacar. Partieron a las ocho de la mañana, no pareciendo conveniente ir de noche, pues la espesura de las caminos poco recorridos y los moros que estaban sospechosos y recatados, en descubriendo nuestra gente se subieron con sus armas a la sierra dejando las mujeres, las hijas y los ganados a discreción de los soldados, los cuales como gente bisoña y mal disciplinada comenzaron a robar y cargarse de ropa y a recoger esclavos y ganados, hiriendo y matando sin diferencia a quien en alguna manera daba estorbo a su codicia.”
(Luis de Marmol)
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